Michelle Bachelet: La Misión del Próximo Gobierno de Chile

La visión humanista de Manuel Gross acerca de la realidad política y social de Villarrica Chile


Blog For Free!


Archives
Home
2007 January
2006 August
2006 January
2005 December
2005 September
2005 May
2005 April
2005 March
2005 February

My Links
Grupo Socialistas de Villarrica Chile
Club de Cine Arte de Villarrica
Foro de Michelle Bachelet
Blog de Manuel Gross
Grupo Acción Araucania (RADA)
Acción por el Toltén
Villarrica desde mi balcon
Mi blog en Atina Chile
Sitio oficial de Michelle Bachelet

tBlog
My Profile
Send tMail
My tFriends
My Images


Sponsored
Blog



Michelle Bachelet: La Misión del Próximo Gobierno de Chile
03.30.05 (2:01 am)   [edit]

La Misión del Próximo Gobierno de Chile*

Michelle Bachelet

Chile ha cambiado mucho en los últimos quince años. Hemos logrado avances importantes en el bienestar de las personas y en la calidad de la convivencia social. Gracias a estos cambios y avances, alcanzados con el esfuerzo de todos, hemos creado las condiciones para enfrentar desafíos mayores: acabar con la pobreza en sus formas antiguas y nuevas, dar un salto al desarrollo, consolidar la estabilidad de las instituciones, crear seguridad en la vida de las personas, terminar con la exclusión, estimular el despliegue de la cultura y la innovación y alcanzar mayores niveles de justicia social. Queremos que los logros lleguen a todas las personas. Queremos más para Chile.

Los cambios en nuestra convivencia social se manifiestan en una nueva disposición de las personas respecto del futuro, luego de haber logrado avances extraordinarios en nuestro reencuentro como sociedad. Hoy tenemos más ganas y menos miedo de emprender, de decir lo que creemos y soñamos, de convivir y cooperar con gente que piensa y vive distinto. Queremos ser respetados y tratados con dignidad. Queremos ser más alegres, más solidarios y más acogedores. Queremos superar las heridas del pasado. Queremos terminar con las exclusiones.

En los últimos años hemos experimentado el efecto positivo que tiene en nuestra convivencia social el hablar con franqueza. Queremos decir la verdad y que nos la digan, porque un diálogo más franco ofrece infinitas oportunidades para enfrentar con optimismo nuestros desafíos y dentro de ellos, las heridas del pasado y las desigualdades del presente.

Asimismo, estamos más concientes de nuestros derechos y estamos dispuestos a exigirlos: queremos igualdad, dignidad, participación. Pero también estamos dispuestos a cumplir con nuestras responsabilidades con la sociedad: ser más solidarios y acogedores, respetar los derechos de los demás.

Queremos más para Chile, y ahora es el momento de lograrlo. Las condiciones que hemos construido con perseverancia han madurado, y nos abren una gran oportunidad. Ahora es el momento en que aflora la voluntad compartida de dar un salto de envergadura histórica en nuestro progreso como país.

La misión del próximo gobierno de Chile es convocar y estimular las voluntades y sueños de los chilenos para actuar juntos y construir el país que queremos. Ésta es una invitación a todas las chilenas y chilenos para que juntos, le demos un nuevo y decisivo impulso de progreso a nuestro país.

Queremos más para Chile, pero no de cualquier manera. La dirección es clara, pero también debemos lograrlo con un estilo definido: importan todos y necesitamos las capacidades de todos. Esto requiere un trato más humano y digno entre nosotros, con alegría, firmeza, acogida y confianza.


CHILE SOMOS TODOS

Los valores compartidos y la franqueza para reconocer nuestras debilidades nos dan la fuerza para enfrentar los nuevos desafíos.



Buscamos una sociedad amable y solidaria, que otorgue un sentido de pertenencia a cada uno de sus miembros.


Una sociedad que acepte la diversidad, y la libertad, manteniendo el respeto a los valores comunes y a la responsabilidad social.


Los valores y las experiencias que nos unen, apoyados en la franqueza para superar nuestras heridas y divisiones, son los motores que nos impulsan como sociedad. Son las relaciones entre las personas, compartiendo sus ideas y sus sueños, lo que coloca el fundamento último del sentido de pertenencia e identidad como país. Esta unidad nos da la fuerza necesaria, porque el salto que requerimos sólo es posible con el esfuerzo de todos.

Debemos fortalecer los valores de nuestra historia, aquellos que nos han hecho una comunidad y que nos permitieron enfrentar con éxito muchos desafíos en el pasado. Ellos son los valores de la convivencia republicana y civilizada que nos han distinguido en el mundo: la conciencia de nuestra dignidad y el valor de las personas, el respeto al orden institucional, la creatividad frente a los obstáculos, la democracia para establecer nuestras prioridades y para resolver nuestros conflictos, la solidaridad frente al dolor y la calidez en la vida diaria. El pleno respeto de los derechos humanos también debe constituirse en parte esencial de nuestra identidad.


Necesitamos que la energía que nos otorgan estos valores se manifieste en nuevas capacidades para enfrentar las tareas del presente, como la desigualdad, la intolerancia y la exclusión, al tiempo que proyectamos la sociedad en los desafíos del mañana, como es el salto al desarrollo en un mundo globalizado, competitivo y exigente.

Mientras existan exclusiones o tengamos una parte de la sociedad viviendo en la pobreza, no podemos sentir que hemos alcanzado una meta común o un sueño compartido.

En la sociedad actual hay más diversidad y más demanda por libertad, eso debemos compatibilizarlo con el respeto a los valores comunes y a la responsabilidad social. Aceptar la diversidad es un paso necesario para valorar y querer a Chile. Sólo la honestidad de reconocer lo que somos y hemos sido, nos permitirá emprender tareas más grandes. Porque nuestra propia experiencia nos demuestra que tiene mucho más valor lo que podemos lograr juntos, que la defensa de lo que puede separarnos. Por eso es que tenemos confianza en los valores más permanentes de nuestra alma nacional.

Queremos una buena familia para todos. Sin el afecto, la seguridad y la formación que surge de la familia no habrá comunidad fuerte. Pero no podemos cerrar los ojos ante los cambios que ocurren en este ámbito; nosotros valoramos las distintas formas de constituir las familias. Queremos que todo chileno se desarrolle en el seno de uno de estos espacios de afecto y protección, pues eso nos hará, a la larga, mejores personas.

La cohesión social nos da la fuerza para actuar como sociedad, pero ella existe en la medida que se otorgue amparo ante la desprotección. En el mundo actual, la vida social se ha hecho más insegura, especialmente para los grupos más vulnerables de la sociedad como son los niños, las mujeres y los adultos mayores. Debemos construir nuevas formas de protección, de amparo y seguridad, sin que ello ahogue la innovación y la creatividad.

La globalización es un desafío a nuestra integración social, pero no debemos replegarnos, sino profundizar la inserción internacional exitosa que hemos logrado y que debe convertirse en un eficaz medio para el progreso y la integración social. Este salto sólo será posible a partir de la afirmación de nuestra identidad y pertenencia a América Latina. Desde allí construiremos una visión compartida, la que nos permitirá consolidar nuestra interacción política y cultural con el resto del mundo.

Somos un país multicultural. Nuestra nación se forjó sobre la base de los pueblos originarios de nuestro territorio. Pese a los traumas y la miopía cultural de algunos a lo largo de nuestra historia, las distintas etnias de nuestro territorio se han mantenido vivas, reafirmando día a día su cultura. Nuestra identidad como nación recoge este legado que nos distingue ante el resto del mundo. Estamos orgullosos de las mujeres y hombres de nuestra tierra.

El fortalecimiento de nuestra identidad y capacidad de actuar en conjunto no será el resultado de lo que unos pocos consideren que es bueno o malo entre nosotros. Será la obra que construyamos entre todos. Cuando hemos sido capaces de vivir juntos experiencias significativas, observamos que se afirman los valores y el sentido de nación. Cuando nos reconocemos hijos de una historia, encontramos la fuerza para proyectarnos hacia el futuro.


EL SALTO AL DESARROLLO

La meta de Chile es ser un país desarrollado, lo que nos demanda mantener el crecimiento y la generación de más y mejores empleos.


Nuestro concepto de desarrollo es integral. Considera los diversos factores que inciden en la calidad de vida de las personas, incluyendo la cohesión social, el cuidado del medio ambiente, el acceso a la cultura y la calidad del trabajo.  

La tarea que tenemos por delante es superar los obstáculos y aprender de nuestras experiencias exitosas, así como las de otros países, para de allí definir políticas públicas de alta calidad que nos guíen hacia el desarrollo.

Los avances de la sociedad chilena tienen un sustento sólido en el fortalecimiento de nuestra economía, por lo que hoy estamos en condiciones de dar un salto al desarrollo. Hemos dejado atrás difíciles años de turbulencia económica internacional, donde muchos chilenos vieron afectada su fuente de ingreso. El país logró resistir estos embates, y hoy enfrenta una nueva oportunidad. Esto fue posible gracias a la coherencia de nuestras políticas, que hoy son observadas con entusiasmo desde muchos países. Este hecho nos ha reafirmado en el camino que llevamos. Nuestra meta ahora es mantener el crecimiento que hemos logrado en las últimas décadas, al tiempo que asumimos los desafíos que acompañan a un desarrollo integral.

Si Chile mantiene su actual trayectoria de crecimiento, en quince años más podríamos alcanzar un nivel de vida equivalente al que tienen hoy los países que han alcanzado el desarrollo en las últimas décadas. Éstos son los países que debemos tomar como referencia, tanto en el mundo público como privado.

Las comparaciones internacionales y las evaluaciones que se hacen de nuestra economía reconocen que tenemos los fundamentos para alcanzar esta meta. De hecho, Chile se ubica entre los diez países de mayor crecimiento en el mundo en las dos últimas décadas.

En nuestra economía destaca la exitosa inserción internacional, que ha sido lograda gracias al buen desempeño del sector público y privado y que hoy es una condición necesaria en el camino al desarrollo. Este logro se apoya en la rigurosa responsabilidad fiscal, y que junto a una política monetaria independiente, permiten dar más impulso y estabilidad al crecimiento. También ha sido importante el funcionamiento eficiente de las instituciones y de los principales mercados. Con estos fundamentos queremos lograr más para Chile.

El desarrollo integral a que aspiramos tiene como objetivo último mejorar la calidad de vida de toda la población. Esto significa seguir reduciendo la pobreza, asegurar que los frutos del crecimiento estén disponibles para todos y superar las exclusiones. Pero también requiere atender otras demandas, como son el cuidado del medio ambiente, el acceso a la cultura y la calidad en el trabajo. Para avanzar en esta dirección es indispensable mantener un crecimiento elevado, al tiempo que realizamos nuevas reformas.

Este salto al desarrollo está directamente vinculado con nuestros valores y la visión de la sociedad que queremos. Por lo tanto, en la selección de los instrumentos que nos sirvan para avanzar hacia estas metas debemos privilegiar las políticas más eficientes. Es en esa perspectiva que debemos usar diversos instrumentos, como son mercado, las políticas públicas y las fuerzas de la sociedad civil, siempre bajo un criterio de eficiencia en el logro de nuestras metas. Para este efecto, necesitamos un Estado fuerte, de alta calidad y efectividad, y dotado de las mejores capacidades técnicas.

El progreso en la sociedad actual se obtiene cuando nuevas formas de hacer las cosas desplazan a las antiguas. Este proceso requiere aprender a adaptarnos a los frecuentes cambios en la economía y en la sociedad. La experiencia de los países que han alcanzado la meta del desarrollo muestra que la capacidad de agregar valor a sus recursos se apoya en una economía flexible y en una fuerte presencia de la innovación. Estos dos pilares deben ser objeto de nuevas políticas porque son los que promueven el dinamismo en la economía.

Para fortalecer la capacidad de innovación es indispensable tener una política pública más activa, apoyar los proyectos de innovación que cuenten con una efectiva participación privada y fomentar programas tecnológicos. Todo esto debe apoyarse en una educación de calidad y en la capacitación permanente.

Uno de las iniciativas para incrementar la innovación en la economía es facilitar la incorporación de las PYMEs al desarrollo. Para este efecto se deben perfeccionar y descentralizar los instrumentos de fomento, seguir avanzando en el acceso al financiamiento, reforzar las iniciativas de capacitación y simplificación de trámites.

Promover la competencia en los mercados genera flexibilidad e incentiva la innovación. Por esta razón, los nuevos países desarrollados tienen especial cuidado en mantener mercados competitivos. Acercarnos a estos estándares requiere fortalecer los organismos encargados de esta labor en nuestro ordenamiento económico.

La calidad del trabajo es un importante desafío cuando nos fijamos una meta de desarrollo integral. Esta calidad se apoya en los aumentos de productividad, que dependen de la capacitación laboral, la innovación en las empresas y el funcionamiento de los mercados. Sin embargo, el mejoramiento de la calidad del trabajo también considera un marco normativo que promueva relaciones dignas.

 

Para avanzar en estas materias es necesario establecer un diálogo social activo que, en un marco de equilibrio entre trabajadores y empresarios, busque los acuerdos necesarios. Entre las iniciativas que debemos privilegiar en este ámbito están aquellas que faciliten el acceso de las mujeres y los jóvenes al trabajo. Pero además, debemos promover una cultura de relaciones dignas y de respecto a los derechos de los trabajadores.

La cultura es parte esencial en nuestro proyecto de desarrollo integral. La cultura enriquece a la sociedad y a los individuos. Continuaremos estimulando la creación artística, la promoción de valores, así como el rescate de nuestras culturas originarias. Nos preocuparemos, asimismo, de expandir y difundir la cultura por todo el país, y del acceso igualitario de toda la población.

Durante los gobiernos de la Concertación hemos fortalecido nuestra institucionalidad ambiental sobre la base de un modelo de coordinación multisectorial. También hemos intensificado las acciones de manejo sustentable del aire, aguas, desperdicios y la biodiversidad, utilizando instrumentos innovadores y reformas exitosas. Sin embargo, el país todavía está lejos de cumplir con los estándares de los países desarrollados, por lo que persisten desafíos en términos del manejo del medioambiente, observancia de la normativa y la integración de consideraciones medioambientales en las políticas sectoriales.

Finalmente, el salto al desarrollo también nos plantea nuevos desafíos a nuestra inserción internacional. Debemos seguir trabajando en nuestra inserción económica, aprovechando todo el potencial de los acuerdos que hemos suscrito. Asimismo, crecientemente debemos asumir nuevas responsabilidades en generar mejores condiciones de gobernabilidad y paz en el mundo.


JUSTICIA Y CALIDAD EN LAS POLÍTICAS SOCIALES

Justicia y calidad en la educación, salud, protección social, seguridad ciudadana, sistema judicial y administración de la ciudad.


La libertad de los individuos requiere que tengan capacidades efectivas para desarrollar sus proyectos, las que se apoyan en políticas sociales de calidad.


La justicia social, la igualdad de oportunidades y la solidaridad forman parte de nuestros valores permanentes. Las sociedades que contienen estos valores son aquellas en las que las personas acceden a las oportunidades para desarrollar individual y colectivamente sus proyectos. Las políticas sociales entregan estas capacidades a la gente, que consisten principalmente en una educación de calidad, una salud digna, protección social decente para la vejez, seguridad ciudadana, un sistema judicial oportuno y una ciudad amable. Sin servicios de calidad en cada una de estas áreas se producen desigualdades reñidas con nuestro proyecto de justicia y el concepto de desarrollo integral.

Durante los gobiernos de la Concertación hemos más que duplicado el gasto social, lo que ha permitido cubrir importantes necesidades. El efecto de este gasto permite que el 40% más pobre de los chilenos mejore su participación en el ingreso desde un 12,3% a un 16,7%. Si bien el gasto social logra reducir las brechas de ingresos, éstas siguen siendo una de las más elevadas del mundo. Nuestro desafío es mejorar la justicia y la calidad de las políticas sociales, para acortar las brechas de ingresos y, especialmente, crear una efectiva igualdad de oportunidades. Éste es el camino por el que debemos continuar.

Mejorar la calidad de la educación es la viga maestra de todos los esfuerzos que hemos planteado, tanto por su aporte a la justicia social como por su importancia para dar el salto al desarrollo. Debemos encontrar nuevos incentivos y capacidades que promuevan la colaboración de los diversos participantes en el proceso educativo, especialmente de los profesores.

La educación es un proceso integral, que va desde la educación pre-escolar hasta la universidad. Nuestra meta en lo preescolar será la cobertura universal. Y atenderemos también la estimulación temprana de los niños. En el colegio impulsaremos una fuerte reforma de calidad. Ello nos permitirá asegurar nuevos estándares de equidad en el acceso a la educación superior.

El derecho de todos los chilenos a la atención médica y hospitalaria es un requisito para una efectiva justicia social. En los últimos años hemos dado pasos importantes en una reforma que mejora la cobertura y las garantías de salud a toda la población. Debemos continuar avanzando en la plena implementación de esta reforma, especialmente en la aplicación de los nuevos esquemas de gestión en el sector salud.

Una vejez digna es también requisito para una efectiva justicia social. Nuestro actual sistema de protección social tiene debilidades, que se manifiestan con particular claridad en la baja cobertura y sus consecuencias en la calidad de vida de los adultos mayores. Ésta es una situación que debemos atender para mantener un sistema eficiente, coherente con los principios de justicia que queremos para Chile.

La ciudad es el escenario de nuestras relaciones cotidianas, que puede acercarnos o distanciarnos. Necesitamos más viviendas, pero también debemos preocuparnos de los espacios públicos donde transcurre parte de nuestras vidas. Asimismo, es necesario asegurar la eficiente aplicación de las reformas de los sistemas de trasporte público que se están desarrollando en las principales ciudades del país.

La experiencia ha mostrado que la delincuencia es una de las fuentes más importantes de tensión y deterioro de las relaciones sociales. Debemos trabajar simultáneamente en varios niveles, como son fortalecer la capacidad de vigilancia de Carabineros, perfeccionar la legislación y los sistemas judiciales, aplicar los programas de prevención y comprometer a las comunidades. La participación social no sólo es eficiente para reducir el crimen, sino que crea un ambiente de autoestima que hace más difícil su surgimiento.

Con la Reforma Procesal Penal, en plena implementación, la administración de justicia está viviendo el cambio más importante de su historia. Con ella será posible el acceso igualitario al sistema judicial, que es una condición fundamental para una sociedad justa. El desafío es consolidar esta reforma y ampliar esta nueva justicia a nuevos ámbitos. Asimismo, el país debe tender a desarrollar mecanismos alternativos de resolución de conflictos y mediación, que eviten una judicialización innecesaria.


UN NUEVO TRATO A LOS CIUDADANOS

La confianza en la democracia depende del trato digno e igualitario que establece el Estado y sus instituciones con la ciudadanía.


Un nuevo trato es establecer un canal de dos vías -con derechos y responsabilidades- entre el Estado y los ciudadanos.


En la mayoría de las democracias modernas se observa un deterioro en la confianza que los ciudadanos tienen en las instituciones públicas. Esto lleva a un distanciamiento entre las personas y la sociedad en su conjunto, tendiendo a deslegitimar la democracia. Nuestro desafío es evitar esta tendencia en Chile.

La confianza en el Gobierno y en el Estado depende, en gran medida, de la relación entre los ciudadanos y las instituciones públicas a través de un trato digno e igualitario. Esto significa canalizar las inquietudes y reclamos de la gente, al tiempo que los servicios públicos cumplan con los estándares de calidad y justicia que deben tener.

Los gobiernos de la Concertación asumieron el principio de que la calidad del Estado es clave para avanzar hacia un desarrollo integral. Así, se abrió un camino que ha tenido como criterios orientadores la democratización y descentralización del aparato público -Aylwin-; la modernización de la gestión pública -Frei-; el avance hacia una reforma institucional de alcances más amplios -Lagos-. El resultado es que hoy existe un Estado más eficiente, relativamente más fuerte y con mayor transparencia y probidad.

Es en este contexto que queremos establecer un nuevo trato entre el Gobierno y los ciudadanos, colocando al usuario en el centro de su actividad. Si bien muchas instituciones públicas han realizado avances notables en este sentido, reconocidos incluso a nivel internacional, aún estamos atrasados en la tarea de hacer del Gobierno un socio amable y eficaz para la ciudadanía.

Dado que una acción estatal moderna se realiza con la mayor cercanía posible a los ciudadanos, la modernización del Estado debe enfatizar las buenas prácticas de gestión; el buen trato a los usuarios; la profesionalización de la administración pública; la generación de capacidades para una efectiva descentralización, y la participación de la ciudadanía.

Estamos ciertos que la promoción de una mayor participación y voz ciudadana puede operar como un importante estímulo y presión para mejorar el desempeño del Estado y la calidad de los servicios que provee, en la medida que los usuarios y público en general cuenten con la información y las herramientas adecuadas para influir en la evaluación de dichos servicios. Desde esta perspectiva, el mayor involucramiento y contrapeso de los ciudadanos puede constituirse en un eje poderoso de la modernización del Estado.

Consideramos impulsar iniciativas concretas para mejorar la relación entre el Gobierno y los ciudadanos, mejorar la calidad de las decisiones públicas y perfeccionar nuestra democracia. Este nuevo trato pasa por reconocer más efectivamente los derechos ciudadanos, constituyéndose el Estado en un aliado efectivo para su promoción y protección. Asimismo, la calidad de la gestión pública debe apoyarse, como en los países desarrollados, en contrapesos en las decisiones públicas que buscan asegurar la probidad, la eficiencia y la eficacia de las instituciones y programas.

El desafío de un nuevo trato debemos ponerlo en la perspectiva de mejorar la calidad de nuestra democracia. Ello incluye eliminar las barreras que entorpecen o distorsionan la participación ciudadana. Proponemos en este sentido, la inscripción automática en los registros electorales y el voto voluntario, así como la reforma al actual sistema electoral. Este desafío incluye también el fortalecimiento político de los gobiernos regionales.

No compartimos la opinión de aquellos que sostienen que a la gente no le interesan las reformas institucionales. De lo que se trata es de ampliar los espacios de participación ciudadana, de abrir nuevos caminos para incorporar a todos los chilenos a este proceso de modernización que tiene por objeto alcanzar un desarrollo integral para nuestro país.


Más para Chile

Chile está viviendo está viviendo una de esas etapas clave en la cual las sociedades encuentran la posibilidad de forjar un futuro mejor. Estoy convencida que Chile tiene las condiciones para dar este salto en integración, justicia social y desarrollo. Las chilenas y chilenos tienen la esperanza que este camino les genere nuevas oportunidades en sus vidas.

 

Sé que estamos en la senda correcta, que tenemos las capacidades y el apoyo indispensable para llevar a cabo estas tareas, que son de una envergadura histórica. Los invito a participar en la construcción del país que queremos, del país en que ganemos todos. Los invito a creer y trabajar. Con ustedes, más para Chile.

__________

*Transcripción del folleto entregado en Primeros Diálogos Programáticos, Edificio Diego Portales, Santiago, 19 de marzo de 2005.

 
 
Your Name:


Your Comment: